Por Sergio Mujica,
Secretario General de ISO
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La Reunión Anual del Foro Económico Mundial de este año tuvo lugar durante un momento de incertidumbre mundial. Las conversaciones recalaban con frecuencia en la misma tensión latente: estamos innovando más rápido que nunca, pero nuestra capacidad de colaborar y coordinar esta innovación se encuentra al límite.
Unas ambiciones económicas, tecnológicas y de sostenibilidad crecientes conviven directamente con fragmentación geopolítica y divergencias regulatorias, lo que está dificultando la coordinación de las medidas transfronterizas.
Justo esta cuestión centró una sesión concreta en la que fui ponente, «Horizonte manufacturero de China: los próximos cinco años», que examinó cómo los mecanismos de colaboración internacional deben evolucionar en la práctica si queremos escalar la innovación mientras apoyamos un crecimiento común e inclusivo.
Gestionar la transformación en un mundo con fracturas
Lo que se pone de manifiesto no es un caso singular de China, sino un desafío global. Ahora que la economía persigue programas de transformación similares, la pregunta ya no es solo qué tan rápido pueden innovar, sino también qué tan coherentemente pueden escalar esas innovaciones más allá de las fronteras, en especial en los países en desarrollo.
Aquí es donde las Normas Internacionales cobran una importancia estratégica. Cuando se usan como parte de las estrategias nacionales de desarrollo y no como reflexiones técnicas a posteriori, las normas ofrecen estabilidad y un terreno común en una era de incertidumbre geopolítica y regulación fragmentada. Rebajan las barreras técnicas al comercio, reducen los costos de cumplimiento normativo, mejoran el acceso a los mercados e incrementan la previsibilidad para empresas de cualquier envergadura. Para muchos exportadores, siguen siendo la puerta de entrada a cadenas de valor regionales y globales.
También desempeñan un rol central en la sostenibilidad. Las normas de energías renovables y gestión ambiental ayudan a traducir los objetivos climáticos en herramientas prácticas para la industria. Las normas de contabilidad del carbono, a su vez, ayudan a convertir la ambición climática en medidas medibles, comparables y verificables, lo cual es esencial si los compromisos políticos han de tener resultados en el mundo real.
Las normas ofrecen estabilidad y un terreno común en una era de incertidumbre geopolítica y regulación fragmentada.
Surcar las iniciativas climáticas con normas comunes
Este tema tuvo una presencia patente en los debates de la Reunión Anual de este año sobre la Agenda de Acción de la COP30, en una mesa redonda dedicada a la armonización mundial de la contabilidad del carbono. Un mensaje recurrente fue que una de las mayores barreras de toda acción climática eficaz no es la falta de compromiso, sino la falta de coherencia. Las compañías manejan múltiples sistemas de denuncia, requisitos superpuestos y metodologías incoherentes, lo que mina la confianza en los datos que respaldan las decisiones climáticas.
Es por esto que, en 2025, ISO y Greenhouse Gas Protocol lanzaron una alianza trascendental para desarrollar conjuntamente un marco global armonizado para la cuantificación y notificación de los gases de efecto invernadero. Al alinear la terminología y las prácticas de medición y notificación, el objetivo de la alianza es crear un lenguaje global común para las emisiones: uno que facilite la notificación y refuerce la credibilidad de los informes climáticos. Con el tiempo, este marco común también les facilitará a los legisladores la incorporación de requisitos alineados a la regulación, ayudando a evitar la fragmentación que actualmente debilita la implementación de las políticas climáticas.
Varias sesiones de Davos se centraron este año en la inteligencia artificial y la ciberseguridad. Estos debates refuerzan un punto simple: la confianza es ahora un activo económico central. Las organizaciones necesitan una forma de gestionar los riesgos de la IA, proteger los datos y demostrar responsabilidad. La regulación desempeña un rol, pero la regulación por sí sola no puede seguir el ritmo de los cambios tecnológicos.
Normas Internacionales para impulsar la confianza
El statu quo presente ofrece a los líderes la oportunidad de forjar marcos prácticos y adaptables que permitan innovar sin comprometer la confianza de la sociedad, y eso es exactamente lo que brindan las Normas Internacionales: un lenguaje común que genera estabilidad y confianza más allá de las fronteras. Se desarrollan por consenso sobre la base del conocimiento técnico y se diseñan para usarse en cualquier jurisdicción. En un período en el que los mecanismos multilaterales tradicionales se encuentran bajo presión, este tipo de cooperación práctica resulta cada vez más valiosa.
Echando la vista atrás a Davos, lo que sobresale no es una única tecnología o propuesta política, sino un reconocimiento común de que la propia coordinación se ha convertido en un desafío estratégico.
Las normas comunes crean las condiciones que permiten escalar las soluciones, afianzar la confianza y mantener la cooperación a largo plazo, incluso en un mundo fragmentado.
En ese sentido, las normas son una parte inherente de la infraestructura de gobernanza de la nueva economía.